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lunes, 9 de abril de 2018

LA DIVERSIDAD LINGÜÍSTICA EN ESPAÑA

LA DIVERSIDAD LINGÜÍSTICA

  1. DIFERENCIAS EXTERNAS ENTRE LAS LENGUAS
4.000 lenguas para 6.000 millones de personas no parece una proporción desmesurada. Ahora bien, no todas las lenguas se encuentran en la misma situación: los veinte idiomas más hablados suman más de la mitad de los hablantes del planeta. Frente a los más de 1000 millones de hablantes del chino, los 550 millones del inglés o los 350 millones del español, algunas lenguas son habladas por comunidades realmente pequeñas: de las 150 lenguas de los indios de América del Norte, sólo unas 50 cuentan con más de mil hablantes y únicamente unas pocas tienen más de 10.000.

   Desde un punto de vista externo, es decir,consideradas como producto social, las lenguas se diferencias unas de otras por su distinta extensión geográfica, por el número de sus hablantes y también por su prestigio como instrumento de comunicación internacional.
      En la mayoría de las ocasiones, las diferencias se deben a razones históricas, que han propiciado que unas lenguas se extiendan más allá de sus comunidades de origen. Es el caso del inglés, y el español, que por diversas circunstancias han llegado a ser las lenguas mayoritarias en extensos territorios y se han convertido en lenguas internacionales, es decir, en lenguas que son oficiales en más de un estado. A veces esa extensión se produce a costa de lenguas que desaparecen oven disminuir el número de sus hablantes por la presión de otras más pujantes política o culturalmente (es el caso, por ejemplo, de las lenguas indias del continente americano, hoy realmente minoritarias, salvo excepciones).
      Otras lenguas tienen muchos hablantes sin ser internacionales; es lo que ocurre con el chino y el hindi o hindú, que, siendo, oficiales sólo en sus respectivos países, están entre las lenguas con más hablantes del mundo.
      Es importante tener presente que las diferencias en extensión y número de hablantes no dependen de las lenguas en sí mismas, sino de los avatares históricos de las comunidades que las hablan. Desde un punto de vista externo, hay lenguas con más fortuna que otras. Desde un punto de vista interno, en cambio, no hay unas lenguas mejores que otras: todas las lenguas son en sí mismas igualmente perfectas.

    LENGUAS MIXTAS
    La necesidad de comprensión entre comunidades que poseen lenguas distintas puede motivar que una de estas lenguas desaparezca a favor de la otra. Pero también se dan casos en que se crea una lengua mixta con propiedades comunes a las dos lenguas de origen. Estas lenguas mixtas se denominan sabores (o pidgins) y se usan ocasionalmente sin llegar a convertirse en lenguas normalizadas (por ejemplo, el chabacano es un sabir mezcla de español y lenguas indígenas que se habla en Filipinas; también es un sabir el cocoliche, variedad italianizada del español hablado  en Buenos Aires).
     Cuando los sabores se consolidan, se extienden y se convierten en lengua materna de una comunidad, se denominan lenguas criollas (por ejemplo, el papiamento, que es una lengua criolla hablada en la isla caribeña de Curazao y deriva de un sabir en el que se mezclaban el español, el portugués y algunas palabras de otras lenguas).



  1. LAS FAMILIAS DE LENGUAS
¿Por qué hay tantas lenguas? Aunque no se conoce la respuesta con absoluta certeza, parece probado que sobre las lenguas actúan dos tendencias opuestas: por un lado, hay una tendencia a la homogeneidad, que hace que ciertas lenguas se extiendan y sean usadas por comunidades cada vez mayores, desplazando incluso a otras minoritarias. Por otro lado, hay una tendencia a la diversificación, que hace que en una lengua se diferencien dialectos que pueden llegar a convertirse en lenguas si se dan las condiciones oportunas.

Parece que esta segunda tendencia es la que ha propiciado que en la actualidad haya un número tan elevado de lenguas. En otras palabras, las lenguas actuales proceden de la evolución y fragmentación de otras más antiguas. La lingüística histórica estudia cómo se producen los cambios lingüísticos, y al hacerlo determina de dónde proceden las lenguas y si dos o más lenguas tienen el mismo origen. Utiliza para ello el método histórico-comparativo, que consiste en contrastar sistemáticamente una serie de lenguas para comprobar si en el pasado estuvieron relacionadas. Cuando dos o más lenguas proceden de una misma lengua ancestral común se dice que pertenecen a la misma familia. Para representar una familia de lenguas se utiliza un árbol genealógico o familiar.

Y EN EL ORIGEN, ¿QUÉ?
¿Existió un origen común para todas las familias de lenguas? No sabemos la respuesta. Se especula sobre la posibilidad de que hubiera una lengua primigenia que sirviera de comunicación a los primeros hombres, pero es también posible que distintas comunidades independientes desarrollaran lenguas distintas. La solución a esta cuestión está íntimamente ligada al nacimiento del lenguaje.
Las pruebas paleontológicas basadas en el estudio de los fósiles de homínidos parecen indicar que el lenguaje pudo surgir hace unos 30.000 años. Si se tiene en cuenta que los primeros testimonios escritos de lenguas datan del año 3.500 a.C., se comprenderá lo difícil que resulta formular hipótesis sobre cómo era ese lenguaje primitivo y cuándo surgió exactamente.


2.1.     LAS LENGUAS ROMÁNICAS
Un ejemplo claro de familia lingüística lo constituyen las lenguas románicas: gallego, portugués, castellano, catalán, provenzal, italiano, sardo y rumano.
Todas ellas proceden del latín, que era la lengua hablada en el Imperio Romano. Después de la desaparición de éste como entidad unificadora, las variedades latinas de cada territorio evolucionaron de distinta forma y dieron lugar a dialectos históricos que se convirtieron en lenguas.
El estudio de este proceso es relativamente sencillo porque conocemos la lengua madre. Comparando las palabras latinas y sus derivados románicos es posible determinar qué cambios se han producido en cada lengua hasta llegar a la situación actual. He aquí algunos resultados de la evolución de la palabra “pater”:


GALLEGO
     PAI
CASTELLANO
       padre
CATALÁN
      pare
FRANCÉS
       père
ITALIANO
      padre
RUMANO
    patru


2.2.     LA FAMILIA INDOEUROPEA
Cuando la lengua originaria no se conoce, también es posible establecer el parentesco mediante el método de la reconstrucción, que consiste en deducir cómo
serían las formas de la lengua madre a partir de las formas de las lenguas existentes.
            Por ejemplo, parece probado que las lenguas germánicas derivan de un tronco común, al que se denomina protogermánico. Aunque no tenemos ningún documento escrito de esta lengua, podemos reconstruirla a partir de las lenguas actuales y de los testimonios escritos más antiguos (como el gótico). En el siguiente árbol genealógico pueden verse de forma esquemática las relaciones genéticas entre estas lenguas, ejemplificadas con la palabra correspondiente a “padre” (el asterisco en lingüística histórico-comparativa indica que esa palabra no está documentada y es, por tanto, una forma reconstruida):

                                PROTOGERMÁNICO
                                                       * fader
       
        LENGUAS GERMÁNICAS          LENGUAS GERMÁNICAS                  LENGUAS GERMÁNICAS
        OCCIDENTALES                     SEPTENTRIONALES                            ORIENTALES


                 Germano-holandés       Escandinavo            Escandinavo                   Gótico
                                             Occidental               oriental                       fadar


    Inglés      Alemán    Holandés        Noruego              Danés      Sueco
   father       vater           vader                  var                          fader           var    

Pero aún se puede llegar más lejos en la reconstrucción. El parecido entre el latín “pater” y el protogermánico *fader se da también con otras lenguas; en griego clásico la palabra correspondiente es “pater”, en irlandés antiguo “athir” y en sánscrito, la antigua lengua sagrada y literaria de la India, “piter”. Si este parecido no es una casualidad –y no parece fácil que lo sea- tal vez quiera decir que todas estas lenguas proceden de un tronco común.

Esta hipótesis fue formulada por primera vez pro William Jones en 1776, y en el s.XIX se puedo comprobar que era cierta. La aplicación del método histórico-comparativo permitió descubrir que las lenguas europeas y muchas lenguas asiáticas tenían un origen común: una lengua a la que se denominó indoeuropeo. No existe ningún testimonio escrito de ella, pero se ha podido reconstruir casi por completo. Sabemos cómo eran su gramática y su fonética y conocemos parte de su vocabulario: hay palabras para plantas y animales (caballos, ovejas, cerdos), para partes del cuerpo,  para relaciones sociales y también para un tipo de vehículo con ruedas.

Los datos arqueológicos han demostrado la existencia del pueblo indoeuropeo. Eran seminómadas y habitaban en el sur de Rusia hacia el año 4.000 a.C. En varias oleadas se extendieron por los continentes europeo y asiático, a los que llevaron su lengua. Ésta se diversificó y dio lugar a nuevas lenguas. En el siguiente diagrama puede verse el árbol de la familia indoeuropea en relación aproximada con su distribución geográfica.


                                             PROTOINDOEUROPEO
______________________________________________________
CÉLTICO              ITÁLICO                 BÁLTICO            IRANÍ        INDO-ARIO
Galés                              Latín                              Lituano                     Osetio              Sánscrito
Gaélico-irlandés                                                    Letón                        Curdo                   Hindi
Gaélico escocés              Gallego                     Prusiano antiguo              Persa                  Punjabí
Manés                           Portugués                                                         Baluchí                  Sindí
Córnico                          Castellano                                                        Pasto                   Cachemiro
                                     Catalán                                                                                         Nepalí
                                     Francés                                                                                       Guyaratí
GERMÁNICO               Provenzal                         ESLAVO                                Maratí
Inglés                           Italiano                                Ruso                                                 Cingalés
Alemán                          Sardo                               Ruso blanco                                          Asamés
Yidis                             Rumano                              Ucraniano                                            Bengalí
Inglés antiguo                                                         Polaco                                                 Oriya
Holandés                                                                 Checo                                                  Romaní
Noruego                                                                  Eslovaco                       ARMENIO
Sueco                  ________________                   Macedonio                Armenio oriental
Danés                                                                    Servio-croata             Armenio occidental
                                                                              Búlgaro
                           ALBANÉS      GRIEGO         Esloveno




  1. HISTORIA DEL ESPAÑOL

3.1.     INTRODUCCIÓN
El español o castellano es uno de los idiomas más utilizados actualmente en el mundo, con más de trescientos cincuenta millones de hablantes que lo tienen como lengua materna. Pero en sus orígenes era sólo un dialecto del latín que surgió en un pequeño condado en el norte de la península ibérica.
La formación de la lengua española ha sido un largo proceso en el que existen dos hechos de singular relevancia: la romanización y la invasión islámica.

3.2.     LA ETAPA PRERROMANA
La etapa prerromana se caracteriza por la existencia de una gran diversidad de pueblos que hablaban lenguas distintas en el territorio peninsular.
Por el este peninsular y otras zonas próximas a él se extendían los iberos, a cuya lengua debe nuestra Península el nombre de Ibérica. En el norte, en una zona sensiblemente mayor de la que ocupa el País Vasco en nuestros días, habitaban los vascos. Su origen siempre ha sido discutido, y a cerca de su lengua, el euskera, también persiste la oscuridad en cuanto a los orígenes y relación con otras lenguas.
En algunas regiones del centro vivían pueblos de origen celta, llegados del norte unos siglos antes y asentados allí definitivamente. Su lengua recibía el mismo nombre. La zona correspondiente hoy a la baja Andalucía y Sur de Portugal estaba ocupado por los tartesios o turdetanos, que hablaban una lengua propia.
En la costa mediterránea había colonias fenicias (Cádiz, Málaga) y cartaginesas (Cartagena, Mahón) y quedaban algunos puntos del antiguo dominio griego (Alicante,  Denia, Ampurias, etc). Cada uno de estos pueblos utilizaba una lengua propia.
Este mosaico de pueblos con lenguas distintas, en continuas luchas entre sí, se convertirá, con la conquista de la Península por los romanos, en una zona lingüísticamente unificada. La conquista, iniciada en el s.III a.C., significa la paulatina anulación de cada una de estas culturas mediante la imposición de la cultura y la lengua latinas, y, como consecuencia, la unificación lingüística de todo el territorio conquistado.

3.3.     LA ROMANIZACIÓN
La romanización hispánica es el proceso que lleva a los pueblos peninsulares a incorporarse al mundo cultural romano. Comenzó en el 218 a.C., con la llegada de los romanos, y se completó el año 19 a.C., tras la conquista de los últimos reductos norteños durante el imperio de Augusto. El resultado de este proceso fue la incorporación política, cultural y lingüística de Hispania al Imperio Romano.
La romanización de la Península fue un proceso lento. La lengua de Roma no se les imponía de forma radical a los pueblos conquistados, sino que la empleaban en la vida pública (administración, milicia, escuela …) mientras mantenían al mismo tiempo, en la vida privada, su lengua propia. Esta situación de bilingüismo fue dando paso al abandono de la lengua nativa antigua y al uso del latín como único medio de comunicación.

3.3.1LA DIVERSIFICACIÓN LINGÜÍSTICA
La unidad lingüística en un territorio tan vasto como el Imperio Romano no podía durar mucho tiempo. La diversificación del latín en las diferentes lenguas románicas se debe, principalmente, a que los distintos pueblos sometidos aprendieron y desarrollaron el latín según los hábitos lingüísticos de su propia lengua, tanto en el aspecto fónico como en la estructura gramatical y en el vocabulario.

3.3.2. EL SUSTRATO
El sustrato es la influencia que ejerce una lengua sometida sobre la lengua de los nuevos dominadores que se han asentado en ese mismo lugar geográfico. Al perderse la unidad política con la caída de Roma en poder de los bárbaros (476), este sustrato fue el elemento que produjo la diversificación del latín y el nacimiento de cada una de las lenguas europeas que descienden de él: las lenguas románicas.
Dentro de la península Ibérica sucedió, en pequeña escala, el mismo fenómeno. La diferenciación entre las distintas lenguas que fueron naciendo en ella comenzó también en esta época, porque el sustrato prerromano influía en el modo en que los hablantes hispánicos utilizaban el latín, tanto en la forma de pronunciarlo como en la incorporación a este latín de palabras y estructuras gramaticales de su lengua anterior. Sin embargo, la unidad lingüística todavía no se había roto.
                                             
3.4.     LAS INVASIONES GERMÁNICAS
Durante el s.V, el debilitamiento político del Imperio Romano propicia la invasión de los pueblos germánicos procedentes del centro y del este de Europa.
a)                 En una primera oleada invasora llegaron a Hispania tres pueblos germánicos: los suevos, los vándalos y los alanos, que se asentaron en distintos lugares de la Península. Esta invasión trajo consigo la ruptura de la unidad lingüística que había existido bajo el dominio de Roma y, con ella, el latín comenzó a evolucionar de forma distinta, influido por la lengua de los nuevos invasores.
b)                 La segunda oleada invasora que sufrió la Península fue la de los visigodos, pueblo también de origen germánico, pero fuertamente romanizado, que incluso ya había adoptado como propias la lengua y la cultura latinas. La entrada de los visigodos significó de nuevo la unificación territorial, cultural e incluso jurídica; pero no la lingüística, porque las nacientes lenguas románicas peninsulares habían comenzado ya su proceso de diferenciación.

3.5.     LA INVASIÓN MUSULMANA
El s.VIII abre una nueva etapa en la evolución de las lenguas peninsulares. En el año 711 se produce la entrada de los musulmanes, que en muy pocos años llegaron a ocupar la mayor parte del territorio peninsular (Al-Andalus). Sólo algunas zonas de las montañas del norte resistieron el fuerte empuje musulmán, y allí nacerán los reinos cristianos, que irán recuperando lentamente los territorios invadidos mediante la llamada Reconquista.
La invasión árabe supuso la separación definitiva de los recién nacidos romances peninsulares con respecto a las demás lenguas de la Romania. Las lenguas hispánicas se vieron bastante influidas por la lengua árabe durante los ocho siglos que duró la presencia musulmana en la península Ibérica.

3.5.1. LOS DIALECTOS DEL LATÍN
Durante la presencia musulmana, y debido al aislamiento de las lenguas románicas en distintos reinos, se fueron formando los diferentes dialectos del latín. Estas variedades respondían a diferentes asimilaciones del latín, a variadas influencias de sustratos y a influjos por contactos entre lenguas vecinas.
Los romances que se formaron fueron, de oeste a este, el gallego, el portugués, el astur-leonés, el castellano, el navarro-aragonés y el catalán. El euskera quedó entre el castellano y el navarro-aragonés.
A través de la cultura árabe penetra en España y en el resto de Europa gran parte de la cultura del mundo oriental. A través de su lengua entra en la nuestra un número de palabras no inferior a 4.000.

3.5.2. EL MOZÁRABE
Tampoco los árabes pudieron imponer de manera radical su lengua a los sometidos, sino que practicaron una gran tolerancia, tanto lingüística como cultural y religiosa. En las zonas ocupadas por los musulmanes, el pueblo siguió hablando en romance, al que se incorporaron poco a poco palabras y evoluciones fonéticas procedentes de la lengua de los dominadores.
El romance hablado por los habitantes de Al-Andalus, al que se incorporaron elementos árabes, se llama mozárabe. El mozárabe tiene características lingüísticas semejantes a las del resto de los romances peninsulares, si bien el rasgo principal es su carácter arcaizante, ya que no tuvo contacto con la evolución natural de la lengua en los reinos cristianos.
El mozárabe no se conservó, porque, con la Reconquista, en los territorios donde se hablaba se impusieron los romances propios de cada uno de los reinos reconquistadores. Conocemos este dialecto primitivo gracias a varios poemillas breves, llamados jarchas, que algunos poetas árabes introdujeron como estribillo en los poemas compuestos en su lengua (moaxajas). Las jarchas son las primeras manifestaciones literarias conservadas de los romances peninsulares.







3.6.     EL NACIMIENTO DEL CASTELLANO

3.6.1.      ORIGEN DEL CASTELLANO
El castellano tuvo su origen dentro del antiguo reino de León, en una zona de Cantabria lindante con el área en la que se hablaba el euskera. El contacto con esta lengua imprimió al castellano unos rasgos lingüísticos muy peculiares, que lo diferenciaron del leonés y de los restantes romances peninsulares. Uno de estos rasgos es la desaparición de la f- inicial en las palabras latinas.
En general, el castellano fue desde sus comienzos una variedad románica más dinámica que las demás. Introdujo novedades más radicales y resolvió las etapas de vacilación lingüística con mayor firmeza y rapidez, por lo que fue ganando terreno a los romances con los que entraba en contacto.
El castellano comienza su proceso de expansión al conseguir el conde Fernán González que el condado de Castilla se independizara del reino de León y, posteriormente, en 1035, se convertirá en reino independiente. El desarrollo político y militar del nuevo reino fue muy rápido, y la expansión de su lengua fue paralela a aquél, que avanzaba hacia el sur, diputándoles tierras tanto a los reinos musulmanes como a los reinos cristianos vecinos. En las zonas de contacto con estos reinos, el castellano consigue imponerse a las lenguas vecinas. Tanto el leonés como el aragonés terminarían convirtiéndose en variedades dialectales del castellano.
El reino de Castilla se extendió con mucha rapidez y firmeza y con esa reconquista de las tierras peninsulares impidió a los reinos de León y de Aragón la posibilidad de extenderse hacia el sur. A mediados del siglo X, el ámbito castellano llegaba casi hasta el centro de la Península, y en el siglo  XIII ya había conquistado el extremo sur peninsular.

3.6.2.     CARACTERÍSTICAS DEL CASTELLANO
Frente al resto de los romances hispánicos, más conservadores en su evolución desde el latín, el castellano presenta los siguientes rasgos característicos:
a)                  Pérdida de f- inicial en las palabras latinas que empezaban por esa consonante seguida de una vocal: (FAMEM > hambre; FOLIAM > hoja, etc). El proceso de la pérdida de la f- pasó por una primera fase, en la que esa f- se pronunció como una aspiración, para, a finales del s.XVI, desaparecer por completo de la pronunciación. Como decíamos antes, es muy posible que esta pérdida de f- se deba al contacto del castellano primitivo con el euskera, lengua en la que no existían palabras que empezaran por tal consonante.
b)                  Conversión de los grupos consonánticos latinos pl-, cl- y fl- iniciales en la palatal ll: PLORARE > llorar; CLAMARE > llamar; FLAMMAM > llama.
c)                  Palatalización en –ch- del grupo consonántico latino –ct: LECTUM > lecho; OCTO > ocho; FACTUM > hecho.
d)                  Conversión en –j- de los grupos latinos c’l, g’l, li + vocal: OC(U)LUM > ojo; REG(U)LAM > reja ; MULIEREM > mujer.
e)                  Pérdida de g-, j- iniciales ante e, i átonas: GERMANUM > hermano; JANUARUM > enero.
f)                  Diptongación de las vocales e,o tónicas en ie, ue: PORTAM > puerta; DENTEM > diente.
g)                  Reducción de los diptongos latinos au, oe a  o,e: AURUM > oro; POENAM > pena.
3.6.3.     LA CONSOLIDACIÓN DEL CASTELLANO
Las primeras palabras escritas en romance medieval datan del s.X. Son las glosas silenses (encontradas en el monasterio burgalés de Santo Domingo de Silos) y las glosas emilianenses  (del monasterio riojano de San Millán de la Cogolla), breves aclaraciones –glosas-<anotadas al margen de textos religiosos escritos en latín, que debieron de escribir los monjes a l considerar que ya no se entendían aquellas expresiones latinas. Pero estos breves testimonios, aunque preciosos, no muestran todavía la madurez de la lengua castellana.
Será en el s.XIII cuando el castellano logre su condición de lengua consolidada, gracias principalmente a la labor lingüística de Alfonso X el Sabio. La importante labor de este rey consistió:
·          Desde el punto de vista ortográfico; en regularizar y sistematizar la lengua, estableciendo una correspondencia casi perfecta entre las letras y los sonidos.
·          En el plano sintáctico, dotó al castellanao de unas estructuras oracionales complejas, que hasta entonces no tenía, mediante la introducción de un buen número de conjunciones.
·          En el plano léxico amplió el vocabulario castellano, incorporándole cientos de términos nuevos, de tal forma que capacitó al idioma para expresar en él cualquier tipo de contenido.
Mediante la traducción al castellano de muchísimas obras procedentes del mundo árabe y hebreo  (labor que era supervisada por el propio Alfonso X  y realizada por la escuela de traductores de Toledo), la cultura oriental penetró en toda Europa Occidental.
En el siglo XV tiene lugar, además, la culminación del proceso de unificación territorial, con la conquista del reino de Granada, la anexión de las Canarias a la Corona española y, poco más tarde, la expansión de la lengua castellana por ultramar con el descubrimiento del Nuevo Continente.
Los siglos inmediatos le dieron al castellano etapas de gran apogeo, tanto por la madurez lingüística que se empieza a manifestar en su literatura como por su mayor presencia en el mundo, pues a partir de entonces se producirá la extensión del dominio español, primero por el Mediterráneo y más tarde por África, América y Asia.
A finales del siglo XV, Elio Antonio de Nebrija publica a la primera Gramática de la lengua castellana. Esta obra significó el reconocimiento del grado de madurez de esta lengua y de su validez como vehículo para transmitir todo tipo de contenidos (científicos, filosóficos, poéticos, etc).
Lebrija compone, por primera vez, una gramática de una lengua que no sea el latín. En su Gramática se sientan las bases para la normalización y la codificación definitiva del castellano.



3.6.4.     REAJUSTE CONSONÁNTICO DEL S.XVI: EL CASTELLANO CLÁSICO
A lo largo del s.XVI tiene lugar una serie de cambios importantes que afectan a nuestra lengua.
Aunque el sistema fónico y gráfico se habían establecido ya en el s.XIII, existían en el castellano medieval, como resultado de la evolución del latín, seis sonidos de articulación muy semejante que, por esa misma razón, se confundían por los hablantes en muchas ocasiones.
Estas seis articulaciones se redujeron a tres mediante la diferenciación entre las consonantes sordas y sonoras que componían cada una de las parejas de fonemas:
a)     Igualación entre la s sonora (igual a la s francesa de poison o la catalana de casa) y la s sorda (equivalente a la actual).
b)     Igualación de la articulación del sonido equivalente a ts (representado por la grafía ç en braço o peça) y del equivalente a ds (representado por z en fazer o vezino).
c)     Confusión entre las articulaciones , hoy inexistentes en nuestra lengua, de la x (que se pronunciaba como la sh del inglés o ch del francés:dixo)  y la j/g ante e, i (que se pronunciaba como la j del francés: muger).
Su resultado fue la desaparición de esta última articulación. Rápidamente la letra x pasó a tener, igual que la j, el sonido que ésta representa hoy.
           
            La lengua resultante de las transformaciones fonéticas del s.XVI es lo que llamamos el castellano clásico. En él escribieron sus obras nuestros más insignes literatos y ésta fue la lengua que se exportó tanto a América como el norte de África y a Filipinas.


3.6.5.     DEL S.XVIII A NUESTROS DÍAS
La Edad Contemporánea es una época de especial importancia en lo que respecta a la unificación  definitiva de nuestro idioma, tanto en el aspecto ortográfico como en el gramatical:
a)                  Bajo la protección de Felipe V se fundó en 1713 la Real Academia Española, una de cuyas primeras labores fue la publicación, entre 1726 y 1739, del Diccionario de la lengua castellana o Diccionario de Autoridades, llamado así porque en él cada palabra definida se acompaña con un ejemplo del uso de la voz por una autoridad en el idioma, es decir, por un autor de reconocido prestigio. Otras obras durante el s.XVIII fueron la Ortografía castellana (1741) y la Gramática de la lengua castellana (1771).
b)                  Desde el punto de vista ortográfico, se resuelve la simplificación de los grupos de consonantes procedentes de palabras griegas o latinas ( CHRISTO > Cristo; ORTOGRAPHIA > ortografía; THEATRO > teatro). También se suprime de la escritura la distinción entre ss y s, que ya se había perdido en el habla, y se sistematiza el empleo de las grafías c,z y h-.
c)                  Desde el punto de vista léxico, entran en nuestra lengua muchas palabras francesas, debido al prestigio cultural del país vecino en esta época. Muchas de ellas se integrarán en el español, otras se arrinconarán y serán olvidadas.
La lengua fijada en el siglo XVIII es, a grandes rasgos, la misma que se mantiene en los dos siglos siguientes. El vocabulario del idioma ha ido cambiando, pero lo esencial de la estructura del idioma ya quedó establecido en aquel momento.







  1. VARIEDADES DEL ESPAÑOL
              
4.1. LENGUAS, DIALECTOS Y HABLAS
La realidad lingüística de España se caracteriza por la rica diversidad que se fue conformando, como hemos visto, a través de los siglos.
Esta diversidad comprende tanto lenguas como dialectos y hablas regionales.
a)    Una lengua es un sistema lingüístico utilizado por una comunidad de hablantes y caracterizado principalmente por:
-       Poseer una fuerte diferenciación frente a otras variedades de su mismo origen.
-       Por tener un alto grado de nivelación.
-       Por ser vehículo de una importante tradición literaria.
b)    Un dialecto  es un sistema desgajado de una lengua común (ya sea viva o desaparecida), pero sin una fuerte diferenciación, que normalmente tiene una delimitación geográfica muy concreta.
c)    Un habla regional es un sitema de signos constituido por las peculiaridades expresivas propias de una región determinada, que no tiene la coherencia característica del dialecto.

Según estas definiciones preliminares, son lenguas de España: el castellano o español, el catalán, el gallego y el euskera.

4.2.  ¿CASTELLANO O ESPAÑOL?
        Hasta aquí hemos estado empleando casi indistintamente los nombres de castellano y español para referirnos a la lengua en que nos estamos expresando.
            La utilización de un término y otro se debe, muchas veces, a razones que tienen que ver más con el sentimiento del hablante que con un criterio lingüístico, por lo que el asunto no es de solución fácil:
a )  La denominación de castellano, que alude a Castilla como lugar de origen de la lengua, es la preferida por los hablantes españoles que tienen además otra lengua como propia, tan española como pueda serlo el castellano.
También es una forma que se emplea frecuentemente en Hispanoamérica, que prefiere esta denominación porque el nombre de español recuerda un pasado colonial de dependencia con respecto a un país dominador.
b)    La denominación de español, por su parte, es la preferida por los hablantes de las zonas no castellanas sin lenguas autóctona (Andalucía, Extremadura, Murcia, Canarias, La Mancha, etc.), que son conscientes de no estar hablando la misma variedad de lengua que hablan en Castilla, tanto por su pronunciación como por su vocabulario.

           El empleo de estos términos que nos propuso un gran filólogo español, Amado Alonso, es el de castellano para referirnos a la lengua originaria, a ese romance que se va extendiendo hacia el sur rápidamente, y el de español para aludir a  la lengua que ha resultado del enriquecimiento de aquélla con aportaciones propias de cada una de las hablas que ha ido absorbiendo.
            Siempre que tengamos en cuenta a qué realidad lingüística nos estamos refiriendo el empleo de un término u otro podrá ser más o menos indistinto.


4.3. DIALECTOS DEL ESPAÑOL
           
4.3.1. LOS DIALECTOS HISTÓRICOS
Los dialectos históricos son el astur-leonés y el navarro-aragonés, que nacieron de la evolución del latín en las zonas peninsulares correspondientes, respectivamente, al reino de León y al reino de Aragón. No son, pues, en sentido estricto, dialectos del castellano, sino del latín, y comenzaron a desarrollarse cada uno con sus especiales características, si bien eran similares al dialecto de Castilla. Pero el avance del castellano en la Reconquista provocó que este derivado del latín  se convirtiera en la lengua culta empleada de modo general.
De esta manera, ni astur-leonés ni el navarro-aragonés llegaron a completar su proceso hasta convertirse en lenguas, y su incorporación al área lingüística castellana nos hace tratarlos como dialectos históricos del castellano.

A) EL ASTUR-LEONÉS
La extensión del castellano por parte del reino de León no impidió que persistiera en el habla del pueblo el viejo romance astur-leonés. Este dialecto se conserva actualmente en Asturias, en el norte y oeste de León y Zamora, y en Miranda (noroeste de Portugal). Algunos rasgos del astur-leonés se expanden también por el oeste de Cantabria, zonas de Salamanca y puntos del norte de Extremadura.
Ante la dificultad de delimitación de sus variedades, debido a las influencias de las lenguas con las que está en contacto, se suelen distinguir tres zonas: la occidental, con diptongos ei,ou; la oriental, con aspiración de f-> h, y la central, que sirve de base al estándar lingüístico en sus rasgos fonológicos y morfológicos. Esta zona se reduce a Asturias, donde recibe también la denominación de bable.
A continuación te presentamos algunos de los rasgos más característicos del astur-leonés:
a) Conservación de la f- inicial latina: farina (harina), fame (hambre), finojo (hinojo).
b) Conservación del grupo consonántico latino –mb-: pallombu (palomo), llombu (lomo).
c) Diptongación de las vocales latinas e,o breves tónicas en ie, ue: (incluso en los casos en que el castellano no lo hace): OCULUM > güeyu (ojo), ERAT > yera (era)
d) Cambio de la –o final en –u: llombu, güeyu.
e) Empleo sistemático del pasado simple donde en castellano se emplea el compuesto: ¿Qué dijiste?: No te oí bien; ¿Leíste este libro?
f) Empleo sistemático de los pronombres enclíticos: Díjome que fuera; Vila en la plaza; Oyónos gritar por la calle.
g) Empleo del sufijo diminutivo –ín, -ina: nenín, huesín, rapacina.
h) Transformación de los grupos iniciales pl-, cl- y fl- en ch-: PLAGAM > chaga (llaga), CLAVEM > chave (llave), FLAMMAM > chama (llama) (en la zona occidental).
i) Evolución a –it- del grupo latino –ct-: (tanto en la zona occidental, como en gallego): noite.
j) Conservación de los diptongos ei, oi, ou: molineiro, oteiro, cubertoira, cousa (en la zona occidental).
           
B) EL NAVARRO-ARAGONÉS
Por las mismas razones que el astur-leonés, el dialecto navarro-aragonés vio frenada su evolución normal, y sufrió, como los demás dialectos, la imposición del castellano como lengua de cultura.
La mayoría de los rasgos que caracterizan este dialecto se deben al contacto con la lengua catalana. Hoy permanecen los rasgos de esta variedad en las zonas rurales del norte de Aragón.
Son caracteres del navarro-aragonés:
a) Conservación de la f-inicial: ferrar (herrar), fer (hacer), forca (horca).
b) Conservación de los grupos pl-, cl-, y fl- iniciales: plover (llover), clavero (llavero), flamarada (llamarada).
c) Conservación de ll donde en castellano se pronuncia j: muller (mujer), fuella (hoja).
d) Tendencia al apócope: clan (llave), breu (breve).
e) Vacilación en la diptongación de las vocales e/o: ruaca (rueca), mial (miel)
f) Conservación de las consonantes sordas latinas entre vocales: lupo (lobo), ayutar (ayudar), taleca (talega), apella (abeja), liebre (liebre).
g) Desuso de la acentuación esdrújula: murciecalo (murciélago).



4.3.2. LOS DIALECTOS MERIDIONALES
            Llamamos dialectos meridionales del español a las variedades que surgieron, a partir del s. XVI, en la mitad sur de la Península y en Canarias.
            Estas variedades proceden de la diferente asimilación del castellano en cada territorio que Castilla iba incorporando a sus dominios.
            Los dialectos meridionales son cuatro: el extremeño, el andaluz, el murciano y el canario.
           
            A) EL EXTREMEÑO
El castellano se introduce en Extremadura con la ocupación de estas tierras por caballeros leoneses y castellanos, por lo que su parentesco con el leonés tiene clara explicación incluso desde el punto de vista histórico.
Sin embargo, el extremeño también comparte rasgos con el andaluz. Los rasgos del leonés son más notables en la provincia de Cáceres; los del anadaluz son generales en la provincia de Badajoz.
            a) Con el leonés comparte los siguientes rasgos:
                        - La conservación del grupo –mb-: lamber por lamer.
                   - La transformación de la –d final de sílaba en –l: mayorazgo, advertir.
                   - El cambio en los grupos pl-, cl-, fl- de –l por –r: frauta, fror.
            b) Con el andaluz son rasgos comunes:
                        - La confusión de –r y –l en final de sílaba: cárcer por cárcel
                   - La pérdida de –d- intervocálica: cogio por cogido.
                   - La aspiración de h- inicial: jacer por hacer.

            B) EL ANDALUZ
El castellano llegó a Andalucía en el s.XIII, pero no se generalizó hasta finales del s.XV,al conquistarse el último bastión de los reinos de Taifas: el reino de Granada. Esta generalización tardía dio al andaluz algunos de los rasgos que le son característicos, entre ellos la abundancia del léxico procedente del árabe.
Al tratarse de un dialecto, no presenta diferencias normativas frente al castellano. Sus divergencias se limitan al campo del vocabulario y de la pronunciación. De entre los rasgos más sobresalientes de esta variedad cabe destacar los siguientes:
             a) El seseo: que es la pronunciación de s en lugar de z o c ante e/i: pasiensia, braso…
         b) El ceceo: consiste en la pronunciación de z donde habría que pronunciar s: guaza, pizo …
            El seseo y el ceceo son el resultado de un proceso de confusión de cuatro articulaciones medievales (ts, ds, s y z). Esta confusión se produjo en toda Castilla, y el resultado allí fue la desaparición de las dos primeras y la distinción de la s frente a la z. Pero el resultado en Andalucía fue la confusión de las cuatro en una sola: la de s en zonas deseantes y la z en zonas ceceantes. Frente al seseo, extendido a toda América y mantenido en el habla culta, el ceceo es considerado vulgar.
c) El yeísmo: pérdida de la distinción entre ll/y, pronunciando siempre y (caye, yave, etc). Esta tendencia esta presente de forma general en otras muchas variedades españolas.
d) La articulación relajada de –d- intervocálica: que llega a desaparecer: cantao, guardao, sentío. Esta tendencia también se ha propagado ya, en ciertos casos, a otras variedades españolas.
         e) La articulación relajada de la ch: que se pronuncia como la sh inglesa.
         f) La confusión de –r y –l en posición final de sílaba: alma/ arma.
g) La articulación relajada de la –s final de sílaba: que llega a convertirse en una mera aspiración (andaluz, esperar, ehtah, etc) e incluso a desaparecer (andalñu, deshacé).
h) La tendencia a la aspiración de la h- inicial: que ha llevado en ocasiones a la creación de nuevas palabras con significado algo diferente: hondo/jondo, huelga/juerga, etc.

Aunque para los hablantes de otras zonas apenas se perciban diferencias entre las formas de hablar de los andaluces, existen profundas distinciones. Está, primero, la oposición entre las  áreas deseantes y las ceceantes, que estable gran diferencia entre los andaluces:
* El área del seseo comprende el norte de Huelva, de Sevilla y de Málaga, la mitad sur de Córdoba, el oeste de Granada y una parte del oeste de Jaén.
* El área del ceceo se extiende por toda la zona meridional de Andalucía, incluyendo el sur de Huelva, casi toda Sevilla (excepto la capital), Cádiz, el sur de Málaga y de Granada y una pequeña porción del suroeste de Almería.
* También se distingue la Andalucía oriental (Jaén, norte de Granada y Almería), donde no se produce aspiración de la h- inicial, de la Andalucía occidental donde sí se aprecia esta tendencia.

            C) EL MURCIANO
El reino de Murcia se incorporó a la corona de Castilla durante el siglo XIII. En esta época se instalaron allí muchos pobladores aragoneses y catalanes. Más tarde, sin embargo, cayó bajo el dominio del reino de Valencia, que lo ocupó y lo mantuvo hasta el siglo siguiente. Estas repoblaciones, junto con la particular localización del murciano, hace que se encuentren presentes en él características castellanas, aragonesas, andaluzas y valencianas.
            a) Al andaluz le debe:
                        - la articulación relajada de las consonantes (caeza por cabeza)
                   - la aspiración de la –s en posición final de sílaba
                   - la confusión de –r y –l
                   - el seseo
         b) Algunos rasgos que lo acercan al aragonés, valenciano y catalán son:
                        - conversión de la l- inicial en ll-: llampar > lampar
- conservación, en ciertas ocasiones, de los grupos inicial pl-,cl-, fl-: flamarada> llamarada.
                   - el sufijo diminutivo más típico aragonés: -ico

            D) EL CANARIO
           
El castellano se introdujo en Canarias muy tardíamente, en el s.XV, y parece ser que la repoblación de las islas fue dirigida desde Andalucía, por lo que el fondo tanto fonético como léxico de la variedad lingüística que se llevó allí debió de tener muchos de los rasgos característicos del andaluz.
Entre los rasgos que identifican al canario sobresalen:
a) La aspiración de la h- inicial: jablar, jedor.
b) La aspiración de la –s final de sílaba: máh, compáh
c) El yeísmo: aniyo, caye.
d) El seseo generalizado: nunca ceceo, cansión, resibir.
e) La pronunciación de la ch casi como y, no relajada como el andaluz: cayito, muyayo.
f) La tendencia a la aspiración de –r- delante de n: etehno, piehna.
g) La confusión de r/l en final de sílaba: volvel, cantal.
h) El empleo del pretérito perfecto simple en lugar del perfecto compuesto: oíste por has oído, fuimos por hemos ido.



4.4. EL ESPAÑOL EN OTRAS ZONAS DEL MUNDO


    4.4.1. EL ESPAÑOL DE AMÉRICA
    El proceso de hispanización que se desarrolló a partir del s.XV dio como resultado que nuestra lengua se impusiera en todos los territorios de América del Sur, Central y del Norte que se iban incorporando a la Corona española. Esta propagación fue una labor de siglos, que llegó a su máxima extensión durante el siglo XVIII, afianzada a la vez por ser ésta la lengua de la Administración, de la Iglesia y de la cultura.

      Pero el castellano que llega a América en el s.XV no es una lengua sistematizada y unificada, sino que en ella están presentes toda una serie de vacilaciones, como por ejemplo:
      a) Tendencias distintas, tanto fonéticas como morfosintácticas, que aún no han llegado a encontrar una solución común.
      b) El reajuste fonológico, que como hemos visto antes, estaba todavía en proceso y sin haber encontrado una solución definitiva.
      c) El lugar de origen de los propios colonizadores (y, por tanto, el dialecto que hablaban) influía notablemente en la variedad del español que llegaba al Nuevo Mundo.
      d) A todos estos elementos de desequilibrio lingüístico hay que añadir el efecto de los distintos sustratos que iban a actuar sobre el español en América, dependiendo de las distintas lenguas propias de los pueblos que habitaban cada región.

      El panorama, pues, parecía propicio  para que el español se fuera diversificando y fragmentando en una serie de dialectos distintos. Sin embargo, no sucedió así, y los elementos de cohesión lingüística tuvieron más fuerza que los disgregadores, a lo que contribuyó especialmente una gran uniformidad cultural.

      Él resultado de esta serie de tendencia es que hoy se habla español como lengua oficial en dieciocho repúblicas americanas: México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, costa Rica, Panamá, Cuba, República Dominicana, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Paraguay, Bolivia, Uruguay, Chile y Argentina.
      También se habla español, aunque en convivencia con el inglés, en Puerto rico y en los Estados norteamericanos de Nuevo México, Texas, Arizona y California.

      4.4.1.1. CARACTERÍSTICAS DEL ESPAÑOL DE AMÉRICA
     En un área lingüística tan vasta como la que acabamos de mencionar es imposible que exista una uniformidad absoluta en el empleo de una lengua. Pueden observarse, sin embargo, ciertos rasgos comunes a todas las variedades del español americano.
A continuación observaremos que casi todos los rasgos fónicos que caracterizan al español de América ya los hemos visto en las variedades meridionales del español. La principal razón de este hecho es la importancia que tuvo Andalucía en la empresa de colonización y conquista de América.

a) En el nivel fónico:
- el seseo
- el debilitamiento de la articulación de la –s final de sílaba, que da lugar a una aspiración (ehperansa, conquistar, cahtigo, etc).
- el yeísmo:
- La relajación de la articulación de la j: qe en algunos lugares llega a pronunciarse casi como una aspiración: hente, diheron…
- La confusión de r/l en posición final de sílaba.

b) En el nivel morfosintáctico:
- Empleo exclusivo de ustedes para la segunda persona del plural y desuso de vosotros. Por tanto, en español no se puede establecer distinción de tratamiento de respeto no respeto con este procedimiento. Además, la forma verbal concuerda en tercera persona: Ustedes tienen, ustedes han llegado.
- Empleo casi exclusivo del pretérito perfecto simple: y casi desaparición del perfecto compuesto: ¿Qué tal te levantaste hoy? ¿Oíste que tontería?
- Adverbialización del adjetivo: Que te vaya bonito; Camina lento …
- Empleo del diminutivo mucho más frecuente que en el español peninsular: ahorita, todito, corriendito … Tanto se utiliza este diminutivo, que en muchas ocasiones pierde su valor.
- Frecuente anteposición del posesivo: ¡Ay, mi niño!; No, mi niña.
- El voseo: Especial atención merece el rasgo más sobresaliente. Consiste en el empleo del pronombre “vos” (en lugar de tú) como forma de tratamiento de confianza, frente a usted (cortesía).
Este pronombre vos se combina con “te” (pero no con ti): Vos estás quieto; ¿Te acordarás vos de eso?; Esto es para vos; lo he hecho por vos…
El fenómeno del voseo se da de forma generalizada en Argentina, Uruguay, Paraguay, y de forma no general en Chile, sur de Perú, Ecuador, Colombia, interior de Venezuela y casi toda Centroamérica.

c) En el nivel léxico-semántico:
En el nivel léxico existe en América una gran riqueza lingüística, basada tanto en la conservación de arcaísmos ya en desuso en la lengua hablada en España, como en los constantes neologismos que van entrando, fundamentalmente desde la lengua inglesa. Al mismo tiempo, la variedad americana tiene una enorme facilidad para la creación léxica a través de los propios procedimientos de derivación.
- Los arcaísmos. En ocasiones algunos arcaísmos que existen en la lengua de España han cambiado su significado, mientras que en América lo conservan : pararse (ponerse en pie), platicar (hablar), prieto (oscuro), etc.
- Las distintas preferencias de elección de un vocablo a uno y a otro lado del Atlántico: caminar/andar, detener/ parar, etc.
- Las palabras que tienen significados diferentes a los españoles, obliga a los hablantes a emplear otros términos para designar esas realidades: jalar/tirar, agarrar/coger (se evitan por ser términos malsonantes), tomar/beber demasiado.

En conjunto estas diferencias podrían convertirse en elementos disgregadores de la lengua, y éste es un peligro real que debe afrontar el idioma en nuestros días. Para superar tal riesgo, es imprescindible que todos los hispanohablantes nos acerquemos al estudio de nuestra lengua, con todas sus diversidades y sin olvidar que ninguna de las variedades del español es mejor que las demás.

     4.4.1.2. ÁREAS DEL ESPAÑOL DE AMÉRICA

     No hay acuerdo en la delimitación de las distintas áreas hispanohablantes que se pueden distinguir en la vasta zona que ocupa el español de América.
      Quizá en lo que parecen estar de acuerdo la mayoría de los lingüistas es en la existencia de un área antillana o caribeña, que comprendería Cuba, Puerto Rico, República Dominicana y las costas caribeñas de Centroamérica, de Colombia y de Venezuela.
      Pero existen demasiados problemas para la delimitación del resto de la América hispanohablante, por ello, uno de los intentos quizá más aceptados hoy en día, es la división de toda el área americana en tierras altas y tierras bajas:
      a) Pertenecerían a las tierras altas México, Colombia, Ecuador y Bolivia, y tendrían como rasgo común más llamativo el debilitamiento en la articulación de las vocales en general, hasta el punto en que éstas se dejan de pronunciar muy frecuentemente.
      b) Las tierras bajas estarían formadas por el área de las Antillas, la costa caribeña de Colombia y Venezuela, Chile, Paraguay, Uruguay y el litoral argentino.
En esta zona se manifiesta más regularmente la relajación en la articulación de las consonantes que has visto como característica del español de América. Además de las características señaladas, existe relajación de la –d- intervocálica hasta desaparecer y la desaparición de –r final de palabra.



    4.4.2.   EL JUDEOESPAÑOL

      El judeoespañol es la lengua que desciende de aquella que hablaban los judíos expulsados de España en 1492, por haber querido conservarse fe y no convertirse al cristianismo. Estos judíos se llamaron sefardíes, por el nombre hebreo. Separad, con el que designaban a España, y mantuvieron su lengua allí donde se establecieron. Unos se dirigieron a l oriente europeo, especialmente a la península de los Balcanes, y otros al norte de África.

      La lengua hablada por los judíos sefardíes, sin contacto con el castellano peninsular durante siglos y limitada en su empleo al círculo familiar, se mantuvo sin apenas cambios. Por esta razón, la característica fundamental del judeoespañol es su arcaísmo, hasta el punto de que ni siquiera fue afectada por el reajuste fonológico del siglo XVI.
     
      En la actualidad existe aproximadamente un millón de hablantes de judeoespañol. Los núcleos más importantes están en Israel, Turquía y la ciudad de Nueva York. El futuro del judeoespañol es muy comprometido, debido, por un lado, al escaso uso que se hace de él en la escritura, y por otro, a la fuerza de las lenguas propias de los países donde se habla como lengua familiar.

4.4.3.     EL ESPAÑOL DE FILIPINAS

El español en las Islas Filipinas es, en nuestros días, una lengua casi residual.
Desde 1898, la lengua española en Filipinas ha sido prácticamente barrida por la enorme influencia que desde entonces han recibido de los Estados Unidos. El resultado de tal invasión cultural ha sido que menos de un diez por ciento de la población conserve  actualmente el español.

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